27.4.12

Crónica inútil

Entonces íbamos por las calles esquivando soretes y recuerdos. El día: soleado, temperatura: 26.5 en la ciudad de Buenos Aires. Vos me cantabas una canción (mal), yo ya ni fingía escucharte, tu voz da asco, tu pelo da asco, tu vida da asco, tu tango da asco, ojalá te llamaras Malena y yo me llamara Anibal Roberto. En la tierra: tu media sombra y tu blusa gris (porque claro, esa es TU sombra, TU color, TU blusa). En el aire entre jirones de odio y también de hechizo. Las calles llenas de café; llenas de esa magia y ese hechizo gris que ahora es yo o sos vos con tu blusa en el piso y tu voz que da asco y tu pelo que da asco y tu vida que da asco. Hoy esa puerta se va a cerrar. Ahora esa puerta se va a cerrar sin dejar una sola ventanita abierta (ya nadie quiere escucharte, mi amor) y el agua estará mojada y el café será bien dulce y ya no habrá jirones, y ya no habrá blusa; la soledad de tu sombra.

Sobre la mesa una consciente inconsciencia ahí al ladito de los libros, desparramada en ese lapsus ya visto en los eclipses o en la voz de Raúl Berón (cómo canta malena). Quiero decir (lo peor es que quiero decirlo) ya no sé si sé. Se cuelga el sol de un edificio, la gente se muerde los talones sin tregua y yo con vos camino por esta ciudad de calles y de cordones, de lastima seca, ciudad burbuja donde caminamos y vos me cantas y yo no te escucho.

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