13.6.12

Naranjado

Ahora lo recuerdo. Yo, en realidad, ya morí muchas veces. ¿Cómo olvidar esa sensación tan naranja y esa niñes? ¿Cómo pasar por alto esas plegarias al dios en que no creo? Aún recuerdo esa habitación fría en la que estoy ahora, llena de cosas negras pero alumbradas naranja. Estar cansado de luchar, de remar en contra -perdón- quiero decir, a favor y en contra de esa luz naranja que me invita a saltar no se sabe donde. Todavía recuerdo esta mirada de quienes están hoy aquí mirándome solemnes, cansados, arrugosos de rabia ronca. También acostados, como yo, sobre un reloj donde no para de caer la arena, no para de caer la arena, no para de caer, no para, no, tic tac, tic tac, tic tac. Esa gentuza, como yo, encerrados en un lugar -¿en un lugar? Sí en un lugar- En donde hace frío y silencio. Por último recorrer con mis manos ese lugar tan grande que fue llamado perdón, introducirme en el ácido fólico del arrepentimiento y mirar esos ojos tristes. -Perdón- Sentir con los ojos fríos las ultimas cosas que veré en esta habitación y por fin tirar el reloj e inducirse en ese síncope crónico (¡vahído!) al que le llaman muerte.

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