25.5.12

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- no disfrutaba de que yo esté ahí. No, para nada. A - no le gustaba mi presencia y ni hablar de la presencia de -. Nosotros tres en ese cuartel  tremebundo con las paredes humedas, cansadas de tanto musgo verde, de tanta sangre en la pared humeda y cansada. Una ventanita chiquita chiquita, se escapaba a la calle pero la cerraron cuando entramos yo y -.  Fue una señora que hacía las compras la primera que escuchó mi grito y fue corriendo a la policía. "Tranquila señora" -sentenciaron- "vuelva a su casa con su gatito" -rieron. Y al instante llamaron para que cierren esa ventanita.

- me miraba. Era difícil mirarlo a la cara con ese bigote patético, redondo, estando colgado de su nariz pero él nos gritó y tuve que ignorar ese bigote. - en ese momento lo estaba mirando pero recibió un golpe con una vara negra. 

Están hablando mucho. Saben que están hablando mucho y eso no nos gusta. Lo de el otro día en la estación para qué carajo lo mandaste a escribir en el diario. (yo no sé de que le está hablando). Para qué, para qué mierda le mandaste eso a -. ¿Vos querés que le matemos a la hija? (- parece saber de lo que habla y solo respira fuerte) CONTESTAME CARAJO, ¿VOS QUERÉS QUE LE MATEMOS A LA HIJA?. (parece mostrar su fotito)

En la continuidad de las cosas existe una cortina que divide la realidad de la ficción y yo estaba en esa cortina, yo estaba tocando esa cortina. Después, terminó todo como empezara esto la ultima vez pero con diferentes nombres, un golpe en la cara de -, la muerte a golpes de -, la pared cansada de la sangre, la fotito de - y mi muerte por publicar esto. No supe no tragar el vidrio que estaba masticando. Te amo, -.

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