27.5.12
Sexo desenfrenado en la estación de flores.
Puedo ver el reloj y marca las cinco y media. Ya los estudios del domingo que habían sido resaltados fosforescente fueron tachados, otra vez, en mi mente. Mañana pasan cosas más importantes que la primera guerra mundial o la revolución bolchevique. Mañana quizás me de cuenta de que soy un pelotudo y de que voy a seguir siéndolo. Voy a encontrarme con estas palabras y voy a tacharlas como taché el estudio de mañana o esos bocetos desdibujados de lo que acabo de ver en el espejo después de haber cagado. Espejos. Para mí siempre compramos malos espejos. Espejos que solo nos muestran un lado. Por eso somos tan ciegos, tan café con leche creyéndonos esa mentira de que podemos ver lo que somos, lo que son ellos, aquellos, esos. Me da la sensación de que esa ceguedad, ese pensar abundante y progresivo nos va a negar la posibilidad de ver los sofistas cuando los espejos empiecen a mentir. Y todo esto es mentira. Pero no importa porque les llame la atención. Ignoren en el título.
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