Ser un camello. No puedo dejar de serlo. En este desierto enorme, del que soy dueño (y el único dueño), se borran mis pasos y así mi pasado refuta a mi presente, mi presente a mi pasado. Ser un león. Después ser un niño. Así lo dijo, así lo hablo Zaratustra. El no hablo de la tristeza del camello, también se olvido de las lágrimas del león. Cómo me pesa este inferno desierto. Cómo me ahoga la soledad de mí y de mi camello.
No hay comentarios:
Publicar un comentario