1.6.12
Martín
Me gusta acostarme en el piso de la cocina y pretender por un segundo no sentir nada más que el viento correr. Mis manos, ahora en las manos del viento y fshhhu, ahí vamos los dos. Me gusta acostarme en el piso de esta cocina fría y hacer del techo un cielo con mil estrellas, dibujar con ellas tu cara para después borrar y empezar devuelta. Fshhhhu, y de pronto mi pantalon es una bombacha y esta escoba es mi guitarra. Ser un gaucho en esta cocina tan fría con el cielo estrellado. Poco me importa mi mamá pasando por la cocina, mirandome como se mira a un extraño tan loco y tan desempleado. Más grandes son las estrellas mamá, tu mirada no me afecta. Dentro de poco no serás mamá y serás mi caballo. Además, mi guitarra contraataca tus miradas con una buena payada, afanada del señor Hernandez, Señor Hernandez. Mi caballo reclama pasto pero yo puedo solo darle tierra y campo, campo y tierra y un par de latigazos para que vaya más rápido y huyamos de los federales. Ahora mi camino es el de naides. No puido no tirarme en el piso duro sin pensar en tu cara y mis estrellas.
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