Humo sobre el escritorio dentro de un depto en Rivadavia al 3600. La luz que entra por la ventana se acuesta a un costado del telefono.
- Nada de esto tiene mucho sentido. En realidad es una cuasi abolición de lo fantástico, ¿entendés? Esa cuchara, un arbolito, no hay falta total de consciencia sobre lo que está por venir, quiero decir: lo inesperado ahora esperado y comprobado es como las heces de un elefante.
- ¿Entonces no nos vemos?
- No digo eso. Hablo de otra cosa. Igualmente sentémonos a mirarnos un rato, se puede hacer mucho doblando un papelito en la calle rivadavia al 3600.
- La ultima vez, con esos dibujos de Schielle. Austria, qué lugar.
- Está bien. Yo solo te pido, seamos sinceros, nada esta hecho de la clase de amor que tratas de venderme.
- Yo no vendo nada que se que no voy a vender.
- Es la calidad del producto lo que me importa.
- A mí no me importan tus sugerencias.
- (Inevitable saberlo, caer, dar de bruces) El amor, esa lluvia, y nadie sabe cuando cae. Vos dependes del tiempo climático. Y esos putos en la tele siempre están pifiando.
- Si es cierto, eso pero a diferencia de Socrates puedo decir que solo se que se algo y no se que es ese algo que yo se, quizas un día de estos levanto la persiana y ahí al lado está la respuesta.
- (Inevitable pero siempre miro el cielo y parece que le duele la barriga, parece que está por llorar a gritos y nadie va a socorrerlo)
- Tu silencio es de un sabor raro.
- Ya lo sé, es la humedad, está lloviendo y yo soy de esos locos que se ocultan en el futón para no ver las gotas.
- (Nadie quiere vender su último producto por tal bajo precio) Lo entiendo. Mejor olvidate y sigamos con nuestras vidas de tecito caliente con tostadas, está lloviendo pero en el fondo sabemos mejor seguir sin saber la trigonometría de un cuadrado que a la vez es club de lucha y tostadora con la cara de Pablo Picasso.
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